El Reglamento de la Unión Europea sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR), que afecta a productos clave de la agroexportación peruana y latinoamericana como café, cacao, palma aceitera, madera, soya y ganado, entró este mes en una fase crítica de implementación. La normativa, considerada una de las más exigentes a nivel global en materia de sostenibilidad, exige que los productos exportados al bloque europeo demuestren no provenir de áreas deforestadas después del 31 de diciembre de 2020 y cumplir con la legislación del país de origen.

El EUDR fue formalmente aprobado por el Parlamento Europeo y el Consejo en 2023, pero su entrada en vigor plena ha sido objeto de retrasos y simplificaciones administrativas durante 2024 y 2025 para dar tiempo a los exportadores y operadores a adaptarse. La fase actual representa el último paso antes de la aplicación plena de sanciones por incumplimiento, lo que ha generado una intensa actividad de adaptación en las cadenas de suministro globales, particularmente en países productores como Perú, Brasil, Colombia, Ecuador, Costa de Marfil, Ghana e Indonesia.
Para el Perú, el reglamento tiene implicancias particularmente importantes en los sectores de café, cacao y madera, productos que han mantenido un crecimiento exportador sostenido hacia el mercado europeo durante los últimos años. Solo en café, la Unión Europea concentra aproximadamente el 40% de las exportaciones peruanas totales, mientras que en cacao el bloque representa más del 50% del valor exportado. El cumplimiento del EUDR es por tanto crítico para mantener el acceso a este mercado estratégico.
El reglamento exige una declaración de debida diligencia que garantice la trazabilidad completa de toda la cadena productiva, desde la parcela específica donde se cultivó el producto hasta el consumidor final europeo. Esto implica que cada finca productora debe estar geolocalizada con precisión, contar con evidencia de no deforestación posterior a la fecha de corte y demostrar el cumplimiento de la legislación nacional en materia ambiental, laboral, de derechos humanos y de derechos de pueblos indígenas.
Para los pequeños productores peruanos, especialmente en zonas remotas de la selva amazónica, el cumplimiento de estas exigencias representa un desafío significativo. Muchas pequeñas fincas no cuentan con títulos de propiedad formalizados, sus prácticas de producción son rudimentarias y carecen de la infraestructura tecnológica necesaria para implementar sistemas de trazabilidad. Las cooperativas y organizaciones de productores están jugando un papel fundamental para apoyar a estos productores en el proceso de adaptación, con apoyo de organismos como el MIDAGRI, SENASA y agencias de cooperación internacional.
A lo anterior se suma la actualización de los Límites Máximos de Residuos (LMR) para productos agrícolas importados al bloque europeo, donde el Reglamento (UE) 2026/215 redujo los umbrales permitidos para sustancias como etefón, dimoxistrobina y propamocarb. Esto ha obligado a los productores peruanos a realizar ajustes en los esquemas de manejo fitosanitario, particularmente en cultivos como uvas, paltas y arándanos, donde estos productos químicos se utilizaban tradicionalmente. SENASA ha estado trabajando estrechamente con los gremios productores para difundir las nuevas exigencias y facilitar la adaptación.
Los costos de adaptación al EUDR no son menores. Estudios realizados por organizaciones de cooperación internacional estiman que el cumplimiento pleno del reglamento puede representar entre US$ 200 y US$ 800 por hectárea para los productores, dependiendo del tipo de cultivo, el tamaño de la operación y la infraestructura previa disponible. Para muchas pequeñas fincas amazónicas, este costo es prohibitivo sin apoyo externo significativo, lo que plantea el riesgo real de que algunos productores queden excluidos del mercado europeo y deban reorientarse hacia mercados menos exigentes.
Cierre: El EUDR marca un punto de inflexión en la relación comercial entre Europa y América Latina, estableciendo nuevos estándares de sostenibilidad que están reconfigurando las cadenas de suministro globales. Para el Perú, el reto es convertir esta exigencia regulatoria en una oportunidad de diferenciación, capitalizando sus fortalezas en producción orgánica, su patrimonio biocultural y sus sistemas tradicionales de manejo del bosque. La transición no será fácil ni rápida, pero el resultado podría posicionar al Perú entre los proveedores más confiables del mercado global de productos sostenibles.
Fuente: ComexPerú / Comisión Europea | 10/05/2026 · Ver original


