China afianzó su dominio como principal socio comercial del Perú al concentrar el 37% del comercio exterior peruano durante el primer trimestre de 2026, según el reporte de balanza comercial publicado por el Banco Central de Reserva del Perú esta semana. Las exportaciones peruanas hacia el gigante asiático sumaron US$ 2.748 millones en el periodo, mientras que las importaciones desde ese país consolidaron a China como el primer proveedor del Perú con amplio margen sobre Estados Unidos.
El fuerte incremento del comercio bilateral entre Perú y China estuvo explicado principalmente por el boom internacional de los metales, particularmente del cobre y el oro, dos productos que dominan la canasta exportadora peruana hacia el mercado asiático. China continúa siendo el principal destino de los concentrados mineros peruanos, una posición que se ha visto reforzada por la puesta en marcha del megapuerto de Chancay, que oficialmente entró en operación comercial en junio de 2025.
Más allá de los minerales, la canasta exportadora hacia China ha venido diversificándose hacia productos agroindustriales de alto valor. La harina de pescado, que tradicionalmente se embarcaba principalmente por el Muelle Sur del Callao, ahora empieza a exportarse en mayor escala a través del terminal de Chancay. Productos como arándanos, paltas frescas, café y cacao están encontrando una vía más eficiente para llegar al mercado chino, en un contexto donde la demanda asiática por superfoods latinoamericanos crece sostenidamente.
Un dato particularmente revelador es que China no solo absorbió más volumen exportado por el Perú, sino que pagó mejores precios. El precio promedio de los productos peruanos exportados al gigante asiático avanzó de US$ 3,05 por kilogramo en 2024 a US$ 3,42 por kilogramo en 2025, un aumento del 12% que superó los precios pagados por Estados Unidos (US$ 2,97), Países Bajos (US$ 2,69) y España (US$ 2,22 por kilogramo). Esta tendencia confirma que China se ha convertido en un mercado premium para varios productos peruanos.
Sin embargo, esta concentración también plantea riesgos estratégicos para el Perú. La fuerte dependencia de un solo mercado expone al país a la volatilidad de la economía china y a posibles tensiones geopolíticas. En particular, las negociaciones para modernizar el Tratado de Libre Comercio entre Perú y China, anunciadas durante la cumbre de APEC 2024, se han convertido en una prioridad para diversificar los productos exportados, incluir nuevas líneas de negocio y aprovechar las preferencias arancelarias en sectores donde el Perú aún tiene potencial subexplotado.
Estados Unidos se consolidó como el segundo socio comercial más importante del Perú con el 11% del comercio total durante el primer trimestre. Las importaciones peruanas desde ese país, que incluyen combustibles, diésel, petróleo, nafta y vehículos, sumaron US$ 2.748 millones en el periodo. Solo en marzo, las compras provenientes de ese país sumaron US$ 1.056 millones, en lo que constituye una relación comercial significativamente más equilibrada que la mantenida con China.
La estructura del comercio Perú-China revela las características complementarias de ambas economías: el Perú exporta principalmente productos primarios (minerales, harina de pescado, productos agrícolas) e importa bienes manufacturados (equipos, maquinaria, vehículos, productos electrónicos y textiles). Esta complementariedad económica explica el rápido crecimiento del intercambio bilateral durante las dos últimas décadas, periodo en el cual China pasó de ser un socio comercial marginal a convertirse en el primer mercado para los productos peruanos.
En el contexto del nuevo acercamiento entre Donald Trump y Xi Jinping, marcado por tensiones comerciales y reuniones bilaterales, el Perú atraviesa un boom exportador con sus dos principales socios comerciales. Las cifras del primer trimestre de 2026 confirman que la economía peruana depende cada vez más tanto del gigante asiático como del americano, aunque en sectores estratégicamente distintos. El gran reto es traducir esta bonanza en políticas industriales que permitan al país escalar en las cadenas globales de valor en lugar de seguir atrapado en la trampa de los commodities.


