Tras 26 años desde el inicio de las negociaciones, el Acuerdo Comercial Interino entre la Unión Europea y el Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) entró formalmente en aplicación provisional el pasado 1 de mayo de 2026. Este hito histórico, anunciado por la Comisión Europea, permite que las empresas y operadores económicos de ambos bloques comiencen a beneficiarse de manera inmediata de las mejoras en el acceso al mercado, en lo que constituye uno de los mayores acuerdos comerciales firmados a nivel global durante la última década.
El acuerdo tiene una arquitectura jurídica compuesta por dos instrumentos diferentes: el Acuerdo Comercial Interino (ITA), que es el que entró en vigor el 1 de mayo de manera provisional, y el Acuerdo de Asociación (EMPA), que todavía requiere de plena ratificación por parte del Parlamento Europeo. El ITA incluye todo lo que afecta directamente a las empresas, como la reducción de aranceles, el acceso a servicios y la contratación pública, mientras que el EMPA abarca el diálogo político, la cooperación y disposiciones institucionales más amplias entre ambos bloques.
A partir de la activación provisional del ITA, las empresas de ambos lados pueden comenzar a beneficiarse de las condiciones preferenciales que ofrece el acuerdo, algunas con efecto inmediato y otras que se implementarán de manera progresiva durante los próximos 10 a 15 años, dependiendo del producto y de la sensibilidad del sector. El acuerdo establece en el anexo 2-A el trato preferencial aplicable a las mercancías que se importen en ambos territorios, con tablas detalladas para cada categoría arancelaria.
Para América Latina, el ITA representa una oportunidad histórica de acceder de manera preferencial al mercado europeo, que junto con el Mercosur forma una zona de libre comercio que abarca a 780 millones de personas, uniendo a la segunda economía mundial (UE) con la quinta (Mercosur). El acuerdo creará nuevas oportunidades para todo tipo de empresas, eliminando o bajando significativamente los aranceles sobre las exportaciones, tanto para bienes industriales como para productos agrícolas. Consciente de las asimetrías entre ambas regiones, el acuerdo prevé una eliminación de aranceles mucho más gradual para el Mercosur, con tiempos de transición de hasta 15 años para algunos bienes sensibles.
El acuerdo también incluye una dimensión clave de sostenibilidad. La UE apoyará con 1.800 millones de euros la transición ecológica y digital justa en los países del Mercosur, como parte de su política de cooperación al desarrollo. Adicionalmente, se estableció una red de apoyo financiero de 6.300 millones de euros para afrontar eventuales perturbaciones en los mercados agrarios, conocida como Unity Safety Net, que busca mitigar el impacto sobre los productores agrícolas europeos más vulnerables a la competencia sudamericana.
Para el Perú, el acuerdo UE-Mercosur tiene implicancias indirectas significativas. Aunque nuestro país no forma parte del Mercosur, mantiene un acuerdo comercial propio con la Unión Europea desde 2013 que ha permitido que las exportaciones peruanas hacia ese bloque crezcan 58,8% en términos acumulados respecto a 2013 y 23,8% respecto a 2024, alcanzando US$ 10.182 millones al cierre de 2025. El sector agropecuario lidera estos envíos con 43,6% del total exportado, equivalente a US$ 4.435 millones, según cifras de la Sunat.
El acuerdo también protege más de 350 indicaciones geográficas europeas y 220 del Mercosur, especialmente para productos alimenticios cuyas características están vinculadas a la zona de producción. Esto significa, por ejemplo, que productos como el queso Roquefort, el jamón de Parma, el champagne francés y el aceite de oliva andaluz tendrán protección legal en los mercados sudamericanos, mientras que productos como la cachaça brasileña y la yerba mate argentina recibirán protección similar en territorio europeo.
La activación provisional del acuerdo marca un punto de inflexión geoeconómico. El 1 de mayo de 2026 dejó de ser una proyección y se convirtió en una referencia concreta para medir resultados. El Mercosur llega a esta instancia con expectativas altas, niveles desiguales de preparación entre sus miembros y una fuerte exposición internacional. El resultado final dependerá de la capacidad real de los países del bloque para traducir el acuerdo en mejoras concretas para sus cadenas productivas. De lo contrario, este hito histórico podría quedar limitado a un avance formal sin impacto suficiente en la economía real.


